ALEJANDRO J. H. POLO
"Donde reside todo lo que siento y no sé cómo decir. Donde espero nunca llegues tú."
Recientes
-
Tarta de Queso
Me despierto cada día, me levanto, me lavo la cara, me miro al espejo. Camino, respondo a las frases que me lanzan, con desdén, porque no quiero contacto. No quiero sentir. Sentir es la trampa. Sentir es prisión. Desde el día hasta la noche, solo una pregunta se sostiene en mi mente, rondando en mi cabeza. De dónde vengo? Queso crema, blanco campesino. En el detalle radica el sabor, la fuerza. Crema de leche, huevos y azúcar. Con el pasar de los días, la duda se intensifica, pero cambia su estructura. Quizá sepa de donde vengo, al menos literalmente. En esencia, en esencia es otra cosa. Me dicen que vengo de aquí, que debo ser así o asá. Yo no les entiendo, soy corto de entendimiento. Pero me sigue sorprendiendo seguir de pie. Seguir caminando, muchas veces sin un rumbo fijo. Qué me sostiene? Galleta y mantequilla. Con el pasar de los años, la duda ha disminuido, lentamente, poco a poco. Baby steps ha hecho efecto. Mucho queso, falta cremosidad. Hay que renovar el molde, me encuentro óxidado. Hace falta tolerancia. A veces me pongo serio, olvido el azúcar.
Pintas Heredadas
-
Para hallar partes de mí
En la caminadora, a los casi dos kilómetros de no haberme movido un ápice, encontré la respuesta. O mejor dicho, donde hallarla. Descubrí que no había solo un lugar, que eran cientos, miles de sitios donde hallarme, en las nubes, en las fresas, en las hojas cayendo por la brisa. En una arepa asada con queso rayado, mantequilla y jugo de guayaba del que no alcanza a sentarse porque te lo tomas muy rápido. En un señor con camisa, tomando café y leyendo el periódico, gritando “mija, hallaron otro muerto por allá por donde vive la amiga tuya, la gorda”. Me hallo también en el cuero, en los edificios, en todos los colores que el humano puede percibir. Hallo partecitas de mí en el transporte público, en caminar por las calles de Barranquilla cuando el sol ya cansado se agacha para decirme que cuidao con ese hombre que viene ahí, que a lo mejó’ e’ un malandro, que me anda mirando mucho la muñeca. Empiezo a verme en las pastas con queso, en el cartón ilustrado, lógico y reluciente. En decir “te quiero” sin esperar una respuesta a cambio distinta de unos ojos volteados que con voz me dicen “ya lo sé”. Hallo frames de mis añoranzas en las vivencias de Juan, las trampas de Yoel, los gritos de Mario. En un “illo!” Bien tirao’, un “no me jodas, tío”, un “seeeguuuro” bien incrédulo. Me veo cuando veo mis converse, mis camisas manga larga, mis libros, el buda en mi mesita de noche. No me veo en tus ojos, pero me hallo en el reflejo de ellos.
Lágrimas de Siddartha